Pascual Montañes
Profesor Instituto de Empresa

13 de Octubre del 2004

Existe una cualidad en la persona que dirige que la diferencia de muchas otras, la “inteligencia política”. Oír decir a una persona que le gusta mandar, que le gusta dirigir, que incluso se atreve a autodirigirse, puede ser socialmente incorrecto en determinadas culturas, pero forma parte del sentimiento íntimo de una persona. La inteligencia política sirve para alcanzar el poder, y ¿para qué sirve el poder? El poder sirve para crear, y ésa es su función social. Cuanta más inteligencia política tenga el director general más poder creador tendrá su organización.

En las escuelas de negocios, a diferencia de lo que ocurre en la enseñanza universitaria, no se distinguen las áreas del conocimiento por el objeto formal o el objeto material, sino por el criterio de “quién es el problema”. En ese sentido, el área de Recursos Humanos estudia los problemas que tiene el responsable de esta área de una organización; el área de Marketing los del director comercial, y así sucesivamente. El área de Dirección Estratégica estudia los problemas del director general, que, en una primera aproximación, son todos y ninguno.

¿El director general nace o se hace? Hace falta un mínimo de cualidades innatas como base para el desarrollo de las capacidades. A lo largo del tiempo en las empresas han llegado a directores generales distintos directores de áreas. Así, por ejemplo, durante muchos años la empresa estaba orientada a la producción por lo que llegaban a directores generales los jefes de producción.

El problema de agencia, que surge cuando los propietarios (accionistas) de la empresa y los gestores son diferentes, se debe a que los objetivos de cada uno son distintos como consecuencia de la información asimétrica que recibe cada uno y de su desigual aversión al riesgo. Ejemplos como el caso Enrón ponen de manifiesto lo importante que es conocer lo que ocurre dentro de la empresa.

La incertidumbre sobre el futuro del negocio despierta en el director general desconcierto y miedos y es que hay que tener en cuenta que “no hay negocio que cien años dure” ya que la ventaja competitiva no se puede mantener en un entorno tan cambiante como en el que nos encontramos. Un buen director general será aquel que en lugar de ver problemas vea nuevas oportunidades para su negocio.

Pascual Montañes expone un sencillo ejercicio para descubrir las capacidades de los jóvenes emprendedores y directores con iniciativa; propone hacer una lectura intencionada de aquellos temas que más se repiten en la prensa especializada y a partir de ellos tratar de descubrir nuevas oportunidades de negocio. La globalización permite a las grandes multinacionales diversificar sus riesgos al tener actividades en lugares donde el ciclo económico es alcista o bajista. Lo que se debe ser es “glocal”, es decir, global y local al mismo tiempo: “be global, think local”. Existe un punto de vista equivocado sobre la internacionalización porque se piensa que los países donde invertir deben elegirse analizando las oportunidades económicas pero habría que analizar también su entorno social y su entorno político. Por ejemplo, si leemos en la prensa que en las Baleares se está incrementando la población como consecuencia de la afluencia masiva de alemanes podemos encontrar una oportunidad clara de negocio poniendo allí sucursales bancarias o tiendas con productos típicamente alemanes. O si leemos que la tasa de natalidad en España es de las más bajas del mundo habrá que darse cuenta de que el negocio de los “productos para niño” va a disminuir sus beneficios y que probablemente las residencias de ancianos los incrementarán.