Josep María Vilà
Presidente de SEDISI, Director General de INDRA
15 de Abril del 2004La sociedad de la información ha cambiado la forma de trabajar. En la revolución industrial el sistema funcionaba como un “mecanismo de relojería” donde cada eslabón de la cadena era físico, previsible y fundamental. La sociedad de hoy es más dinámica, versátil y diferente a la concepción anterior, ahora lo importante son los trabajadores del conocimiento y las tecnologías de la información.
La revolución digital no sólo afecta a la forma de ocupar nuestras horas de ocio, a la forma de comprar y vender a través del Comercio Electrónico, sino que también cambia la forma en que se realiza el trabajo: su contenido, condiciones y configuración.
Los Trabajadores del Conocimiento son la avanzadilla de la revolución, al igual que los compradores y vendedores de ordenadores y su software fueron los pioneros en el comercio electrónico. Entendemos por Trabajadores del Conocimiento aquellos que se dedican a la producción de software o al desarrollo de sistemas y servicios basados en las tecnologías de la información. Estos emplean sus conocimientos en la creación y manipulación de la información que es, a su vez, la base de nuevos conocimientos que otros utilizan.
Las empresas, en la revolución industrial, se consideraban gigantescos mecanismos de relojería en los que cada pieza estaba diseñada para cumplir con un determinado cometido. Cada componente tenía una forma determinada y estaba situado en un lugar preciso para poder engranar con otras piezas.
El mecanismo empresarial sólo funcionaba si se tenían todas las piezas y todas cumplían con los requisitos predeterminados. Cuando faltaba una pieza se consideraba que se producía “una vacante” ; el mecanismo funcionaba mal o de forma ineficiente hasta que la pieza era repuesta.
Todas las piezas podían determinarse de antemano y evaluar su funcionamiento, de acuerdo con unas especificaciones. De esta forma surgieron, a principios del siglo XX, los métodos de Organización Científica del Trabajo, que dieron cuerpo de doctrina a la revolución industrial dotándola de conceptos tales como el puesto de trabajo, con su descripción de funciones y responsabilidades; los requerimientos de los trabajadores, ocupantes del puesto de trabajo, sus categorías y la remuneración más adecuada, teniendo en cuenta su contribución en el conjunto del proceso (engranaje) productivo.
Esta era una concepción basada en la presencia de un trabajador en un lugar determinado (fábrica, oficina, almacén, etc.) y en un momento preciso (horario de trabajo). El trabajador industrial ofrece fundamentalmente horas de su tiempo para realizar un esfuerzo (más físico que intelectual) y en un determinado lugar a cambio de una remuneración.
La revolución digital está haciendo añicos este modelo industrial. No de una forma súbita porque lo viene haciendo ya desde hace unos cuantos años en las empresas de tecnología. Ahora se está extendiendo este concepto a otras empresas y sectores gracias a la aceleración de la revolución que ha supuesto Internet y otras tecnologías de la información.