Rodolfo Martin Villa
Presidente de Sogecable
3 de octubre del 2008
Foro Generación del 78 tuvo el honor de recibir a D. Rodolfo Martín Villa, uno de los principales políticos de la Transición española y actual Presidente de Sogecable y de la Fundación Endesa, para tratar el tema de “El Estado de las Autonomías en tiempos de crisis”.
Quiso comenzar nuestro invitado por aclarar que el tema de las autonomías ha sido siempre complicado. Ya desde antes de la época franquista y durante la Transición no se llegó a encontrar una solución definitiva. D. Manuel Azaña durante la II República pensó que había resuelto el problema de las relaciones de Cataluña con el resto de España, pero no fue así. D. José Ortega y Gasset afirmó que entre Cataluña y el resto de España hay sólo que “conllevarse”, ni siquiera convivir. El Profesor Fernández Miranda insistía, como algunos otros, que España tenía que enfrentarse a cuatro problemas fundamentales: autonómico, militar, religioso y social.
Sin embargo, para D. Rodolfo Martín Villa, la herencia que recibieron los gobiernos de la Transición fue muy positiva en dos de estos aspectos. Por un lado, el cambio social, sin precedentes, que había tenido lugar entre 1960 y 1975 favoreció, no poco, el cambio político. Por otro, el apoyo de la Iglesia que fue absolutamente colaboradora en todo el proceso, destacando la figura del Cardenal Tarancón. En el aspecto militar, los ejércitos aceptaron, de mejor o peor grado, un proceso cuyo motor era el Rey y que se hacía “de la ley a la ley”. El golpe del 23F se escribió derecho con reglones torcidos y ayudó a acomodar la posición del Ejército dentro de la Democracia. Sin embargo, en el tema de las Autonomías se recibió una mala herencia, ya anterior a la Guerra Civil, y continuó sin resolverse la cuestión, quizá porque la cuestión no puede resolverse definitivamente.
Mientras que los anhelos políticos españoles se encaminaron a la libertad política y la amnistía y ya en 1977 no quedaban presos políticos en las cárceles ni exiliados, en Cataluña lo que se pedía en las calles era, además de la libertad y de la amnistía, un Estatuto. Lo primero que se reinstauró fue la Generalidad de Cataluña.
En 1982, cuando llega el PSOE al Gobierno, ya se habían aprobado la mayoría de los Estatutos de Autonomía a excepción de algunos como el de Madrid, Castilla-La Mancha o Castilla y León. En 1983 ya toda España estaba organizada en Autonomías pues, en palabras de nuestro invitado, “los españoles podían aceptar ser distintos pero nunca desiguales”. Este proceso de descentralización ha tenido aspectos positivos: el acercamiento de las decisiones al ciudadano, una cierta competencia entre las distintas Comunidades y la “difusión” del poder: un partido puede ser el titular del Gobierno de la nación española pero otros distintos, y diversos entre sí, gobiernan en algunas Comunidades Autónomas. Aspectos negativos son un déficit en la certidumbre jurídica, al darse la posibilidad de que cada Autonomía elabore distintas y dispares leyes sobre un determinado asunto y un exceso en el particularismo en las distintas Comunidades. La descentralización del poder político y administrativo ha llevado a que el 80% del ingreso público no esté en manos del Gobierno Central.
El tema de la descentralización se ha agravado con el Estatuto de Cataluña que no es jurídicamente perfecto, ni mucho menos. Cuenta con muchos más artículos que la propia Constitución y no era lo que más preocupaba a los catalanes, como quedó demostrado en su referéndum y en las recientes elecciones autonómicas. Por lo demás, dificulta, incluso impide en ocasiones, el plano de igualdad entre las dos lenguas oficiales, el catalán y el castellano. No es que ponga en peligro el idioma español, uno de los más poderosos en el mundo, sino que impide una libertad esencial: que cada uno reciba la enseñanza en la lengua que desee. Insistió D. Rodolfo Martín Villa en los temas educativos en el sentido de que quizá nunca debieran haberse cedido las competencias de Educación a las Autonomías ya que “las personas no se matan por las matemáticas pero una historia deformada puede traer serios problemas”. La solución que señalaba D. Rodolfo Martín Villa al final de su intervención en el Foro Generación del 78 al tema de las Autonomías apuntaba hacia un sistema de soluciones federales en el que cada Comunidad tiene su autonomía pero no se pierde de vista, en ningún caso, el sentido de la Nación Española, que es lo importante.
Foro Generación del 78 tuvo el honor de recibir a D. Rodolfo Martín Villa, uno de los principales políticos de la Transición española y actual Presidente de Sogecable y de la Fundación Endesa, para tratar el tema de “El Estado de las Autonomías en tiempos de crisis”.
Quiso comenzar nuestro invitado por aclarar que el tema de las autonomías ha sido siempre complicado. Ya desde antes de la época franquista y durante la Transición no se llegó a encontrar una solución definitiva. D. Manuel Azaña durante la II República pensó que había resuelto el problema de las relaciones de Cataluña con el resto de España, pero no fue así. D. José Ortega y Gasset afirmó que entre Cataluña y el resto de España hay sólo que “conllevarse”, ni siquiera convivir. El Profesor Fernández Miranda insistía, como algunos otros, que España tenía que enfrentarse a cuatro problemas fundamentales: autonómico, militar, religioso y social.
Sin embargo, para D. Rodolfo Martín Villa, la herencia que recibieron los gobiernos de la Transición fue muy positiva en dos de estos aspectos. Por un lado, el cambio social, sin precedentes, que había tenido lugar entre 1960 y 1975 favoreció, no poco, el cambio político. Por otro, el apoyo de la Iglesia que fue absolutamente colaboradora en todo el proceso, destacando la figura del Cardenal Tarancón. En el aspecto militar, los ejércitos aceptaron, de mejor o peor grado, un proceso cuyo motor era el Rey y que se hacía “de la ley a la ley”. El golpe del 23F se escribió derecho con reglones torcidos y ayudó a acomodar la posición del Ejército dentro de la Democracia. Sin embargo, en el tema de las Autonomías se recibió una mala herencia, ya anterior a la Guerra Civil, y continuó sin resolverse la cuestión, quizá porque la cuestión no puede resolverse definitivamente.
Mientras que los anhelos políticos españoles se encaminaron a la libertad política y la amnistía y ya en 1977 no quedaban presos políticos en las cárceles ni exiliados, en Cataluña lo que se pedía en las calles era, además de la libertad y de la amnistía, un Estatuto. Lo primero que se reinstauró fue la Generalidad de Cataluña.
En 1982, cuando llega el PSOE al Gobierno, ya se habían aprobado la mayoría de los Estatutos de Autonomía a excepción de algunos como el de Madrid, Castilla-La Mancha o Castilla y León. En 1983 ya toda España estaba organizada en Autonomías pues, en palabras de nuestro invitado, “los españoles podían aceptar ser distintos pero nunca desiguales”. Este proceso de descentralización ha tenido aspectos positivos: el acercamiento de las decisiones al ciudadano, una cierta competencia entre las distintas Comunidades y la “difusión” del poder: un partido puede ser el titular del Gobierno de la nación española pero otros distintos, y diversos entre sí, gobiernan en algunas Comunidades Autónomas. Aspectos negativos son un déficit en la certidumbre jurídica, al darse la posibilidad de que cada Autonomía elabore distintas y dispares leyes sobre un determinado asunto y un exceso en el particularismo en las distintas Comunidades. La descentralización del poder político y administrativo ha llevado a que el 80% del ingreso público no esté en manos del Gobierno Central.
El tema de la descentralización se ha agravado con el Estatuto de Cataluña que no es jurídicamente perfecto, ni mucho menos. Cuenta con muchos más artículos que la propia Constitución y no era lo que más preocupaba a los catalanes, como quedó demostrado en su referéndum y en las recientes elecciones autonómicas. Por lo demás, dificulta, incluso impide en ocasiones, el plano de igualdad entre las dos lenguas oficiales, el catalán y el castellano. No es que ponga en peligro el idioma español, uno de los más poderosos en el mundo, sino que impide una libertad esencial: que cada uno reciba la enseñanza en la lengua que desee. Insistió D. Rodolfo Martín Villa en los temas educativos en el sentido de que quizá nunca debieran haberse cedido las competencias de Educación a las Autonomías ya que “las personas no se matan por las matemáticas pero una historia deformada puede traer serios problemas”. La solución que señalaba D. Rodolfo Martín Villa al final de su intervención en el Foro Generación del 78 al tema de las Autonomías apuntaba hacia un sistema de soluciones federales en el que cada Comunidad tiene su autonomía pero no se pierde de vista, en ningún caso, el sentido de la Nación Española, que es lo importante.