Emilio Lamo de Espinosa

Presidente del Real Instiuto Elcano

22-11-2013

 

 

 

 

               El jueves 22 de noviembre contamos con la presencia de uno de los analistas más destacados dentro del ámbito de las Relaciones Internacionales, Emilio Lamo de Espinosa, Presidente del Real Instituto Elcano.

                 El título de la ponencia ya nos orientaba hacia el viraje, no solamente temático del encuentro sino político mundial, del cual estábamos siendo presentes: “España, Europa y el resto”.

             El momento actual que estamos viviendo se caracteriza, según nuestro invitado, por la incertidumbre y la indefinición, citando a Ortega, “no sabemos lo que nos pasa y eso es lo que nos pasa”. Cita con la que quiso reflejar la situación de actual incertidumbre que están sufriendo los países occidentales y más concretamente Europa.

             Las proyecciones que hacemos hacia el futuro en estos momentos se encuentran carentes de sentido porque están basadas en una organización geopolítica de dominación occidental y más concretamente europea, que durante siglos ha sido la que ha escrito la historia y el presente. El mundo se abre ante la progresión y crecimiento económico de potencias que hasta ahora no estaban en el centro geopolítico decisorio.  Los denominados BRICS,  en la actualidad son gigantes que están haciendo tambalear la actual organización política hasta ahora hegemónica.

                 Estamos en un punto de inflexión que se divide en tres ciclos: económico, político e histórico.

              España ha vivido dentro de un periodo de bonanza que ha ocupado en torno a unos treinta años, pero hemos entrado en una crisis muy profunda. Un ciclo de bonanza que comenzó con la transición y que se ha alargado hasta ahora. Un final que además viene ayudado por la falta de un proyecto de nación, por eso España está diseminada entre fuerzas de distinto orden que lejos de unirla fomentan la disgregación.

              Europa ha seguido el mismo proceso, caracterizado por un periodo de bonanza irrefutable, puesto que nunca ha sido tan libre, próspera y segura como lo es actualmente, aunque en la actualidad se encuentra imbuida en un proceso de nacionalismos, populismos, desvertebración y fuerzas que tiran de ella hacia fuera, más que hacia dentro.

                   Adentrándonos en explicar un poco más los ciclos en los cuales está inmerso este punto de inflexión comenzamos por el ciclo económico, también denominado ciclo corto. Se identifica por un endeudamiento masivo multicausal. Por un lado, existe un déficit de regulación en cadena, el reflejo es que las instituciones que debían supervisar ese endeudamiento han fallado. Por otro lado, hay un altísimo nivel de liquidez en el sistema global, un dinero que existe en abundancia debido a que en algunas zonas del sistema económico mundial se ha estado generando muchísima riqueza, acompañado de unos niveles de ahorro también muy elevados. Un ejemplo evidente es el caso chino, una sociedad que lleva treinta años creciendo al 10% anual acumulativo, ahorrando a su vez el 50% de la renta familiar cuyo beneficio ha servido para comprar deuda americana, y la sociedad americana a su vez ha respondido comprando productos. Todo esta espiral ha generado un endeudamiento masivo.

                 Para poder entender esta crisis en la que estamos inmersos hay que entender el crecimiento de los otros países y de esta manera nos adentramos en el siguiente ciclo, el político.

            Es un período globalizador que se desarrolla a partir del fin de la Unión Soviética y la caída del muro de Berlín. La concepción de un mundo único que deja atrás la bipolaridad hasta entonces constitutiva del orden mundial. Capitalismo y Comunismo y el consecuente periodo de Guerra Fría acaba para que el mundo se unifique. A partir de entonces la geopolítica internacional se estructura en torno a tres instituciones: política, económica y cultural. La política es el estado democrático. La democratización ha favorecido la economía de mercado, siendo ésta abierta y la última institución clave para la vertebración del nuevo orden es la cultural en cuya base se encuentra la ciencia y que ha sido embrión de la cultura moderna. Éstas tres instituciones han sido el elemento aglutinador mundial.

             Entre las consecuencias que ha generado esta reorganización mundial destaca la difusión de tecnologías “duras” y “blandas” a nivel mundial. Una convergencia de productividades per cápita, pasando de esta manera a depender el PIB del volumen de la población. Esto supone que ciertos países están creciendo de manera espectacular, nada que ver con la situación de la actual Europa. Podemos destacar como ejemplo la fecha para el sorpasso de Chinaa EEUU que se había ido señalando para el 2040 o 2050 y ha ido disminuyendo de acuerdo a este crecimiento que mencionamos y en la actualidad ya se está hablando de una fecha más que próxima, como es el 2018 o 2020. Aunque no tenga mucha producción que tiene mucha población, una demografía que se convierte en progreso económico y éste a su vez en progreso político, militar y estratégico.

               Por último nos adentramos en el ciclo histórico, que abarca nada menos que cinco siglos y que comienza entre 1492 y 1550. En estos momentos Europa comienza su expansión por el mundo, es su momento hegemónico, teniendo como punto culminante la I y II Guerra Mundial y que fueron el desastre de Europa que quedó completamente arrasada en 1945, a partir de este momento Europa pasa a manos de EEUU y la URSS, no siendo dueña de su destino desde entonces y que ha continuado hasta hoy en día.

               Una situación que en la actualidad además ve como el cambio civilizacional es aún mayor y aunque EEUU sigue siendo una gran potencia está descendiendo y su relevo le viene de manos del continente asiático. A diferencia de la visión pesimista actual de corte occidental y etnocéntrica en la cual nos hemos movido en estos últimos siglos, el mundo al contrario de esa opinión va muy bien, su progreso y crecimiento es espectacular, reduciéndose la pobreza, el trabajo y mortalidad infantil, etc. Evidentemente eso no es así para un continente como Europa y aún menos para los países del Sur.

              Estamos pasando del centro a la periferia, ya no somos el centro del mundo sino que empezamos a ser más bien un “Lejano Oriente” si la óptica es tomada desde el continente asiático.

                  Nuestro invitado terminó señalando que a pesar de este viraje, Europa tan sólo tiene opciones de sobrevivir si apuesta por un proyecto común y no cede a pulsiones fraccionarias y atomistas.

                  Evidentemente, el debate que suscitó tan interesantes reflexiones no se hizo esperar y las primeras cuestiones surgieron en torno a cuales serían los elementos que realmente aglutinaran el espíritu europeo, atendiendo quizás a elementos más emocionales y solidarios que políticos o estrictamente económicos. El Sr. Lamo de Espinosa señaló que esta concepción es muy reduccionista, porque si realmente nos viéramos desde una óptica tan alejada como nos puede ver China, India y otros países, la percepción sería que estamos realmente unidos, en cultura, costumbres y formas de vida, es decir, la cultura occidental nos ha aglutinado y aunque percibamos pequeñas diferentes entre los estado miembros, realmente no hay tal diferencia desde una óptica exterior. La apuesta debe partir por un proyecto común que nos haga recuperar la identidad, que en estos momentos se encuentra seriamente lastrada por un déficit de liderazgo muy acusado en Europa, no existe un demos europeo y tuvo su punto de no retorno en el momento en el que quebró el proceso constitucional, de manos de una Francia temerosa de perder soberanía y que ha sido continuada por otras tendencias disgregadoras y que no hacen otra cosa sino dificultar en gran medida el avance de Europa.

                 Otras de las cuestiones se centraron en el tema energético y si había recursos suficientes en el planeta para sostener todo el crecimiento de los países que ahora eran demandantes netos de recursos. Nuestro invitado respondió que la teoría neomalthusiana lastra nuestra concepción de los recursos, haciéndonos olvidar que la variable clave es la tecnología y cuyo significado es que, por un parte, nos permite aumentar la eficiencia de los recursos de una manera creciente e infinita y, por otro lado, siempre podemos descubrir nuevos recursos donde antes no eran accesibles o sustitutivos. Aún así, ésta es la teoría y, en la actualidad la tecnología es fija y la inversión en nueva tecnología es muy elevada, lo que nos lleva a que los recursos existentes para el conjunto de técnicas con las que contamos comienzan a estar limitados. La consecuencia de esta situación es la reordenación política y estratégica que está teniendo lugar en los países más demandantes de energía, cuyo objetivo final es garantizar el acceso a los recursos y protegerlos. Evidentemente la energía es en la actualidad el centro de la geoestrategia mundial.

             Por último y a petición de nuestros asistentes se abordó el tema de Marca España, sus objetivos, organización y perspectivas de actuación. El ponente comenzó explicándonos como el Real Instituto Elcano lleva años trabajando y realizando estudios sobre la imagen de España en el exterior, aunque es en la actualidad cuando se ha contado con el apoyo gubernamental para poder formar un equipo de trabajo bicéfalo, por un lado la creación de la figura del Alto Comisionado de Marca España y por otro, la acción de análisis y estudios que lleva a cabo el Real Instituto Elcano. Con este nuevo Gobierno se ha conseguido dar forma a este proyecto que tiene como objetivo fomentar y atraer inversión extranjera a España, además de la consecuente mejora de la imagen de nuestro país en el exterior. Los sectores  a promocionar serían el turismo, las exportaciones, inversiones extranjeras y la cultura, en especial la lengua. Todo ellos con el objetivo de remontar nuestra industria, fomentar el empleo y la mejora de la imagen institucional de España.