Francisco Díaz Pineda 
Presidente WWF/ADENA España

29 de Noviembre del 2007

España carece de cultura científica. A pesar de haber mucho dinero para la ciencia y muy buenos científicos, la sociedad en general carece de una sólida educación científica. Por otra parte, aunque esta disponibilidad de dinero para la ciencia es positiva, también repercute negativamente en cierta medida, pues limita la imaginación del científico”.

Con esta idea comenzaba su ponencia en el Foro Generación del 78 el Prof. Francisco Díaz Pineda sobre la energía de la Tierra y su desigual distribución en nuestro planeta. Mientras que por un lado nos presentaba la meta del ecologismo como la potenciación del uso social de los recursos naturales; desde el punto de vista del ecólogo, nos proporcionaba datos objetivos sobre la energía que mueve nuestro planeta. Anualmente, recibimos del Sol 180000 billones de watios de energía. Un watio es un julio/segundo, es decir, la energía necesaria para recoger una cartera de 100g que se cae al suelo desde una altura de un metro. La fuente de esta energía es la transformación por parte del Sol de unos seiscientos millones de toneladas de Hidrógeno en Helio. Repartiendo la energía que nos llega del Sol por la superficie total del planeta, se obtendría aproximadamente 1,3 Kwa/m2. Y es con esta energía con la que funciona la Tierra.

Las plantas son la entrada de energía en la biosfera. Mediante la fotosíntesis, capturan unos ciento veinte billones de watios de energía solar que suponen tan sólo el 0,07% del total recibido. Y es de este bajísimo porcentaje del que vive el resto de la biosfera una vez transformada la energía por las plantas. Un ser humano en cualquier punto del planeta, de media, requiere unas tres mil kcal/día para sobrevivir, es decir, 0,5 kg/adulto/día de comida, lo que equivale a 100 Wa/día, lo que, a su vez, supone tan sólo el 0,054% del 0,07% de energía transformada por las plantas. Sin embargo, una variación pequeña en este aporte lleva a la muerte, ya sea por defecto o por exceso. Así, si una persona por ser pobre reduce esta ingesta al 50%, morirá en algo más de una semana; pero si alguien con amplios recursos duplica esta ingesta, también morirá. 

De esta explicación se deduce que sobra alimento en el planeta, pero entonces, ¿por qué se muere la gente? El Profesor Díaz Pineda nos explicó que no es por falta de alimento sino por otra capacidad que ha desarrollado la especie humana de forma exclusiva en el planeta: el desarrollo de mecanismos de transporte de individuos y mercancías. Esto ha hecho que unas sociedades se conviertan en hegemónicas frente a otras y se originen repartos desiguales.

El resto de la energía solar que llega al planeta pero no entra en la biosfera por acción fotosintética, es empleado en mantener procesos físico-químicos como el calentamiento del suelo o la evaporación de agua. De esta forma, nosotros consumimos diariamente no ya los 100 Wa que nos corresponden para alimentarnos, sino 1000Wa. Este 90% de aumento de energía consumida con respecto a lo que sería estrictamente el aporte alimentario, se debe al consumo de energía exosomática –la que se emplea en fabricar la ropa que vestimos, en construir el coche con el que nos desplazamos… y todo aquello que no es alimentación estrictamente. Y es este tipo de energía la que sí marca la diferencia entre ricos y pobres, siendo, además, una diferencia muy notable. Hay muchos millones de personas que emplean sólo la leña como única forma de energía exosomática y, sin embargo, nosotros gastamos entre ocho y diez mil litro de agua para fabricar una de nuestras camisas.

En una encuesta realizada por nuestro invitado a los españoles sobre la percepción del gasto de energía en nuestro país, se observa que las fábricas de cemento y la construcción en general son vistos como grandes consumidores de energía. La construcción se vive como la destrucción irreversible de algún espacio natural y, sin embargo, la persona es respetuosa con la obra humana, especialmente si es antigua. En cuanto a la relación construcción/necesidad de construir no hay mucha claridad. Somos la única especie que ha inventado el dinero y que ha decidido dotar de valor a los ladrillos, un valor, además, que es enorme. Sin embargo, la construcción de vivienda ha empezado ya a decaer y la preocupación está más, desde el punto de vista de nuestro ponente, en si exportaremos nuestro modelo. Hay que recordar que España ha construido más que Francia, Alemania e Inglaterra juntas en los últimos años. 

El turno de preguntas se abrió haciendo hincapié en que este gasto de energía excesivo parece ser algo intrínseco al ser humano y es muy difícil conseguir que la sociedad del bienestar dé un paso atrás en este sentido. El problema a este respecto comienza cuando mi gasto de energía repercute en que otros pasen hambre. Se nos presentaba a modo ilustrativo el ejemplo de que uno de los muchos inmigrantes que llegan en patera a nuestro país, a las tres horas de estar aquí, ya habrá consumido más energía que en toda su vida.

En lo referente a la sostenibilidad, parece ser este un concepto un tanto difuso en economía, mientras que en ecología está perfectamente definido como la situación en la que la tasa de explotación es inferior a la tasa de recuperación. Así, si estuviéramos consumiendo energía a un ritmo inferior al que esta es producida, podríamos mantener ese consumo de forma indefinida en el tiempo sin necesidad de preocuparnos. Sin embargo, nuestro consumo es mucho mayor que la tasa de recuperación de estas fuentes de energía, por lo que debemos centrarnos en desarrollar el uso de energías renovables como la solar, la eólica o la mareomotriz. 

En cuanto al consumo creciente de energía, hay que destacar también que según pronósticos, la población humana mundial dejará de crecer en unos años y se estabilizará en un modelo sigmoidal, ya que ninguna población del planeta ha crecido nunca indefinidamente. 

Al ser preguntado acerca de un tema tan en boga como es el cambio climático, D. Francisco Díaz Pineda afirma que el clima está, y ha estado siempre, en continúo cambio de forma natural. Sin embargo, al hacer el balance del ciclo del carbono, éste no cuadra. Por esta razón, sí se puede afirmar que el hombre está influyendo pero no se sabe en qué medida. Hay que ser cauteloso a este respecto, sobre todo si se tiene en cuenta que nunca antes en nuestra historia, la humanidad entera ha estado tan unida como ahora por la defensa de una causa. Sí es cierto que se ha pasado de concentraciones de 330ppm de CO2 a 400ppm, pero ha habido momentos de la historia en los que los niveles eran incluso más altos. El hombre influye, pero ¿cuánto? En realidad, nuestro invitado señala el Informe Sten como el origen de todo este movimiento en torno al cambio climático ya que fue esa la primera ocasión en que este proceso se midió en términos económicos.

Por último, se le preguntó al Presidente de ADENA si el ecologismo debería ser conciencia social o responsabilidad del Estado, a lo cual afirmó que la educación ambiental está en la base de todo. Es necesario enseñar al individuo a vivir en un planeta como el nuestro, que se comporta con una serie de principios y leyes. Los políticos necesitan también de esta educación ambiental, pero la conciencia social no es algo que se pueda imponer; eso sí, ha de facilitarse desde los gobiernos el uso social de los recursos naturales.