Luís del Pino 
Periodista y Escritor

8 de Marzo del 2007

Luis del Pino acompañó a los miembros del Foro Generación del 78 y demás participantes del coloquio en un viaje retrospectivo a través de uno de los episodios más terribles de la historia reciente de nuestro país. Con oratoria concisa, propia de un investigador y divulgador, nos devolvió a la estación de Atocha, a aquel Madrid, a la mañana del 11 de marzo de 2004. Hoy, en plena celebración del juicio Luis del Pino nos recuerda las numerosas contradicciones que ha puesto de manifiesto su investigación respecto al sumario instruido por el juez del Olmo.

Respetuoso silencio en una sala abarrotada. La inquietud de querer saber más, de boca de quien acaba de publicar su tercer libro de investigación sobre el brutal atentado, ayudó a crear un ambiente previo que el ponente no defraudó.

El ponente comenzó su charla con una pregunta retórica ¿Qué nos han contado?
En la siguientes horas al brutal atentado, perpetrado días antes a las elecciones generales, se originó una información muy confusa para concluir que los responsables eran grupos de islamistas en represalia por la presencia española en Irak Con una actividad frenética, cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado realizan las primeras detenciones, gracias a una bolsa de viaje que no estalla y cuya tarjeta SIM conduce al locutorio de uno de los acusados. Poco después, en el mes de abril, tiene lugar el suicidio colectivo de los presuntos terroristas en el piso de Leganés. Con la eliminación física del comando islamista parece que la autoría del mismo está clara. Sin embargo, la acción policial que parece cerrar el círculo del caso tiene toda la pinta de ser un “cierre de expediente”, una expresión propia de servicios de inteligencia A raíz de los tomos instruídos por el Juez del Olmo y de los autos judiciales relacionados con la investigación, Luis del Pino comenzó su investigación que comenzó a publicar en Libertad Digital. Poco después, también ha colaborado en la cadena COPE y escribe sobre el juicio en el diario El Mundo. Fruto de su trabajo en el análisis de las pruebas que sustentan el caso, Luis del Pino compartió con nosotros sus argumentos para poner en duda las cuatro pruebas fundamentales de la investigación.

La mochila número 13, la que fue encontrada en la comisaría de Canillas, no guardó la correspondiente cadena de custodia ni fue detectada en registros anteriores en otros escenarios. Además, estaba preparada para no explotar pues dos de sus cables no estaban empalmados correctamente. Por si fuera poco, el modelo de móvil empleado por los terroristas no precisaba de tarjeta SIM, que fue, recordó, lo que condujo al locutorio de uno de los acusados. Además, la policía encontró metralla en el artefacto explosivo desactivado, cosa que no se encontró en los cadáveres de las víctimas. 
De la segunda de las pruebas presentadas a la opinión pública, la furgoneta Kangoo, comentó que ninguno de los dos perros especialistas en explosivos detectaron nada raro en furgoneta estacionada en la estación de Alcalá. Además, en el traslado de la misma se ha detectado que estuvo un tiempo sin control, en cuanto en tanto entra en comisaría y se encuentran nuevas evidencias. Las nuevas pruebas halladas en Canillas incluían dinamita Goma 2 Eco, detonadores y numerosas prendas cuyo ADN facilitó las detenciones de los implicados. Sin embargo ni una huella en el volante, salpicadero ni en las matrículas dobladas. En cuanto al Skoda Fabia, presuntamente utilizado para transportar a los terroristas hasta la estación, no estaba el día de los atentados, como atestiguan documentos gráficos sino que se descubre meses después con prendas de ADN de otro de los implicados. Por último, tampoco cuadra ni es factible el suicidio colectivo en un piso en que nadie vió ni oyó nunca nada, donde las informaciones policiales recogidas al respecto son contradictorias y hay muchos detalles concretos que hacen pensar que no sucedió todo como está instruido en el Sumario. A día de hoy el proceso judicial ya ha presentado una declaración testifical, la del confidente “Cartagena”, que pone en entredicho la Versión Oficial de los atentados. “Cartagena” acusa a la policía de querer hacerle entrar en el piso de Leganés además de denunciar que vio a uno de sus controladores charlando con uno de los muertos en Leganés ¿Acaso lo ocurrido en el piso –pared con pared del de un policía especializado en escuchas- constituyó un rápido “cierre de expediente” y era utilizado para operaciones especiales por la policía?

El periodista explica que la policía científica nunca llegó a analizar los explosivos que efectivamente se encontraban dentro de los vagones y que éstos, se hicieron fundir en meses, cuando constituían en sí mismos una prueba de vital importancia en la investigación policial. Los protocolos de actuación son claros dentro de las fuerzas del Estado. La policía científica es la encargada de realizar los análisis pues tiene los medios más sofisticados. Sin embargo, nunca se les hizo llegar esas muestras, sino sólo la de las otras pistas que aparecían. Ya existen funcionarios públicos procesado por falsificación. Los primeros han sido los del “ácido bórico”, que amputaron la palabra ETA de un informe. “Si en un primer momento se pensó en Eta, las pruebas manipuladas apuntaban a una trama islamista para que quien no lo creyese se reafirmase en su idea de atribuir a Eta la autoría del atentado” Entonces, tal y como explicó Luis del Pino la que por ahora está en la sombra es la otra verdad, la que el gobierno está ocultando con frenético esmero.

El periodista y escritor defiende tajantemente una investigación como la que está realizando porque pone de manifiesto las numerosas contradicciones entre lo investigado y lo instruido por de Olmo. Luis habla con tranquilidad porque él no afirma ni publica nada que no sostengan documentos o testigos.
“Así comienza el juicio, con pruebas que se caen por sí mismas sino aparecen testigos que las avalen.”

De fondo una negociación con Eta que pasa por concesiones a la banda que dividen a la opinión pública y provocan indignación y rabia en un amplísimo sector de la sociedad española. La excarcelación del terrorista Ignacio de Juana Chaos puede hacer pensar que se compra su silencio o una estrategia más de despiste de elevadísimo precio.

De llegar a descubrirse que algunas de estas pruebas se prepararon antes del atentado la realidad se tornaría más siniestra y se habrían perdido tres años vitales para llegar a la verdad. Se abriría un proceso por intento de tapar el 11M, que crearía una cortina de humo en torno a la resolución de la trama y los responsables del atentado.

“Yo no sé que pasó el 11M” expresaba con sinceridad Luis del Pino, “Las amenazas no harán que ni yo ni otros compañeros continuemos investigando, el apoyo y gratitud de las familias de las víctimas nos dan razón y fuerza para seguir”