El jueves 22 de octubre, estuvo acompañándonos en nuestra Tertulia Miguel Falomir Faus, director del Museo del Prado. Doctorado en Historia del Arte, empezó su carrera como profesor universitario. Desde 1997 forma parte del Museo del Prado: primero como Conservador Jefe, posteriormente como Director Adjunto Conservación e Investigación y a partir del 16 de marzo de 2017 como Director. Falomir manifestó su entusiasmo por participar en FG’78 y poder así explicarnos un poco más de la historia de su adorado Museo a través de su intervención: Pasado, presente y futuro del Museo del Prado. Y es que, ¿qué mejor excusa para hablar de una de las pinacotecas más importantes de nuestro país que su 200 cumpleaños, que se celebrará el próximo año?

Tal y como nos contó nuestro ponente, el Museo del Prado abrió sus puertas el 19 de noviembre de 1819 y las celebraciones de su Bicentenario comenzarán el 19 de noviembre de 2018. Es el momento de pararse a reflexionar sobre lo que ha sido El Prado para España y lo que quiere llegar a ser. Lo que en origen era la Colección Real, reservada para el disfrute de unos pocos, ha pasado a ser probablemente el mayor patrimonio cultural de todos los españoles. Estos 200 años de historia del Museo, han estado ligados a lo que ha sido la historia de nuestro país. Manuel Azaña, siendo presidente de la república, pronunció una frase que aún a día de hoy sigue unida al Museo: “El Museo del Prado está por encima de la República y la Monarquía” y, como explicó en nuestra tertulia el actual Director: en estos momentos, El Prado es de las pocas cosas que suscita un poco de consenso en nuestro país. Por ello, quiso relatarnos brevemente su historia:

El Museo del Prado abrió sus puertas con el nombre de Museo Real, era propiedad de Fernando VII y estuvo abierto al público desde sus inicios. El hecho de que su origen fuera una colección real ha condicionado mucho su naturaleza: no es el típico museo enciclopédico hecho por historiadores del arte que intenten proporcionar un recorrido completo a lo largo de los siglos. El Prado es el resultado de la pasión coleccionista de los monarcas, lo que le dota de una fuerte personalidad y le hace ser conocido como un “museo de pintores”: los pintores con los que cuenta están representados de una forma extraordinaria. Esto se convierte, sobre todo en una época de gran homogenización del resto de museos, en un valor añadido muy a tener en cuenta.

A lo largo del siglo XIX, el museo fue evolucionando a la vez que lo hacía la sociedad española, convirtiéndose la Desamortización de Mendizábal en un hecho relevante: las obras de arte que pertenecían a la iglesia fueron llevadas al conocido como Museo de La Trinidad y, al cerrarse este, al Prado. Esto suma a sus obras un tipo de pintura que no solía ser coleccionada por los monarcas españoles.

El siguiente hecho histórico que afecta al Museo fue la Revolución de 1868, que lleva aparejada la nacionalización de las colecciones: los cuadros del Prado pasan a ser del Estado, convirtiéndose así en un Museo Nacional.

A lo largo de los años, El Prado se convierte en testigo directo de las distintas épocas, llegando incluso a cerrar (como única vez en su historia) durante la Guerra Civil: los cuadros se marcharon con el gobierno. Esto es tremendamente importante, ya que se consideraba que aquel bando que tenía el Museo del Prado, tenía un plus de legitimidad.

A estos aportes principales de la Corona y la Iglesia que se han comentado, hay que añadir un tercero y un cuarto:

  • El tercer aporte serían las obras que ha ido comprando el propio museo o que han llegado en concepto de donaciones. Con la creación del Patronato del Museo, se fomentan estas donaciones.
  • El cuarto aporte se produce con la desaparición del Museo de Arte Moderno, que hace que las pinturas del siglo XIX se incluyan también en la colección del Prado.

Llegados a este punto, comentó Falomir, no podemos olvidarnos de la realidad arquitectónica del Museo, que se ha visto transformada con los años. El edificio original, construido en un principio como Museo de Ciencias Naturales, fue diseñado por Juan de Villanueva y es considerado como la obra maestra del neoclasicismo español. Ha ido ampliándose progresivamente para dar cabida a todas las obras, siempre limitado por las características de su emplazamiento. En estos momentos cuenta con: el edificio principal; el edificio de administración en Ruiz de Alarcón; el Casón del Buen Retiro, considerado como el “Músculo Intelectual del Museo” y que acoge la biblioteca, el archivo y los despachos; y la última gran ampliación, firmada por Moneo e inaugurada hace 11 años. Actualmente, se está tratando de incorporar un nuevo edificio con la incorporación del Salón de Reinos del Buen Retiro, de cuyo proyecto se han encargado Norman Foster y Carlos Rubio.

“Si alguien de 1819 visitara ahora mismo el museo, lo primero de lo que se sorprendería es de que está lleno”, reflexionó nuestro ponente. Esto se debe, sin duda, a que la realidad de lo que es un museo ha ido cambiando con los años. Antiguamente, el tipo de visitante del Prado era muy selecto, principalmente por dos motivos: porque existían menos turistas y porque la conversión de los museos en destinos turísticos de importancia es un fenómeno relativamente reciente. Como anécdota para ilustrar esta situación, el Director se remonta a Francesc Cambó, político catalán que contaba como cuando en los años 20 en el Parlamento  necesitaba un momento de soledad, se iba al Prado. Una situación similar relató también, según Falomir, Alfonso Guerra que, tras el triunfo de los socialistas en las elecciones de 1982 y buscando aislamiento, se fue a pasear por el Museo. En ese momento la pinacoteca contaba con 800.000 visitantes anuales, hoy supera los tres millones. Y no es solamente una cuestión de cifras, continuó el nuestro ponente, sino también del tipo de servicios, que han ido evolucionando: actualmente cuenta con exposiciones temporales y un departamento de educación, que trata de abarcar todo el abanico de edades y perfiles.

Pero no todo ha sido bonanza. A Miguel Falomir le tocó vivir uno de los peores momentos del Museo. Fue una época de goteras en las salas y galerías y “entre las profesiones de mayor riesgo se incluía la de ser Director del Museo del Prado” bromeó. Para solucionar los problemas se tomaron una serie de medidas: la primera fue un pacto de legislatura que deja al museo fuera de la discusión partidista; la segunda fue dotar a la pinacoteca de autonomía financiera, para lo que se creó “La Ley del Prado”. A ello se suman los beneficiosos efectos de la “Fundación de Amigos del Museo del Prado”, que actualmente ha alcanzado los 37.000 miembros. Gracias a ello, se pasó por una época de esplendor, que duró hasta la llegada de la crisis. “En estos momentos el Museo del Prado se autofinancia en un 70%”, nos explicó nuestro ponente. Y, pese al muy distinto comportamiento de la sociedad española y americana, es la misma proporción que el MET de Nueva York. Estos datos no dejan de ser admirables, pero preocupantes, ya que “hemos llegado a tal extremo que la aportación del estado sólo cubre un 60% de la nóminas”, continuó el Director. El objetivo de los próximos años es, por tanto, llegar a un 50-50 entre financiación propia y estatal. “Esa es nuestra realidad y mi lucha”, continuó Falomir. Para alcanzar esta meta se está usando una campaña de micromecenazgo para la adquisición de una obra. “La realidad actual del Museo del Prado no nos homologa con la de otros grandes museos europeos”, concluyó. En este bicentenario que ya han comenzado a celebrar, lo que se quiere lograr es “Recordar a la sociedad española que el Museo del Prado es una institución de todos, que tiene su sede física en Madrid pero es un museo nacional”. Es un museo que desde 1860 inicia una política de depósito con la que tiene más de tres mil obras repartidas por la península e incluso por el mundo, en distintas embajadas.

Y ¿de cara al futuro? “Que se mantenga todo lo bueno y recuperar parte de la autonomía que hemos perdido como consecuencia de la crisis”, manifestó Falomir. “También tenemos el compromiso de seguir actualizando nuestra forma de presentarnos de cara al público”,  para ello, nos explicó el enorme esfuerzo que está realizando el museo en el medio audiovisual y virtual. “Esta experiencia digital constituye un complemento extraordinario”. Como conclusión, el Director del Museo del Prado nos recalcó la importancia de construir a través de las celebraciones del bicentenario, una obra que permanezca: la rehabilitación del salón de Reinos en el que podrían exponerse más de 300 obras que ahora mismo están en los almacenes, formando parte de uno de los grandes mitos del Museo: “Los Tesoros Ocultos del Prado”.  Si este proyecto fuera finalmente llevado a cabo, con el compromiso ya manifestado por parte del Ayuntamiento de Madrid de convertir en peatonal el espacio entre todos los edificios del Museo, surgiría en pleno centro de la ciudad el “Campus del Prado”: un atractivo adicional para la urbe, con la obra maestra del neoclasicismo español (el edificio de Juan de Villanueva), un edificio cargado de historia (el Casón del Buen Retiro) y dos premios Pritzker (Moneo y Foster). “Muy pocas instituciones mundiales tendrían un patrimonio arquitectónico de semejante envergadura”.