El jueves 29 de noviembre tuvimos el placer de contar en nuestro ciclo de tertulias con Luis Solana. Entre su amplísimo curriculum, cabe destacar sus años como diputado por el PSOE y su época al frente de RTVE, así como de Telefónica. En esta ocasión, vino dispuesto a explicarnos las Diferencias entre Transición y Constitución: nadie mejor que él, que pudo vivir esa época en primera persona.

Nuestro ponente, empezó el coloquio lamentando lo poco que se analiza, se explica y se sabe sobre la Transición: “¡Ojalá hubiera instituciones que hablaran un poco más de la Transición! Pero es que es complicado hablar de ella, porque o has estado allí o no hay manera de saber nada”, reflexionó. Por eso afirmó estar encantado de formar parte de nuestro Foro y así poder dejar “algunas ideas sobre cómo hemos llegado hasta aquí”.

Durante la Transición se vivieron una gran cantidad de dualidades que, sin duda, se reflejan en la Constitución, nos explicó Solana. Como también quedó reflejado en ella el miedo de aquella época: el miedo fomentó el olvido y también la colaboración.

No podemos olvidarnos, además, del ámbito internacional, del que podemos aprender. Hay tres transiciones que se realizaron al mismo tiempo, tres países que pasaron de la dictadura a la democracia a la vez: Portugal, Grecia y España. Además, pocos años antes, hubo otro país que también pasó por una situación similar: Alemania. Nuestro ponente alabó el buen hacer de nuestros vecinos, frente a los problemas a los que se están enfrentando los griegos. Unos problemas que, vaticinó, posiblemente viviremos en nuestro país en unos años: el podemismo logrará que la Constitución se cambie, porque la idea de ruptura con la Constitución va a calar en la juventud.

Solana quiso poner la transición alemana como ejemplo de un cambio bien ejecutado: los germanos prohibieron preguntar el pasado de ningún funcionario, aunque un gran porcentaje de ellos que habían sido militantes nazis; los empresarios recuperaron sus empresas aunque hubieran estado vinculadas al régimen; y, sin embargo, se creó una ley que prohibía totalmente el nazismo: su publicidad, sus enseñas, etc. Ahí radica la gran diferencia entre nuestra Transición y la suya: la alemana es mucho más condescendiente con los fascistas, pero no con el fascismo. En Alemania los nazis pudieron reubicarse en la democracia, pero no podían defender el nazismo. En contraposición, en España todos los falangistas pudieron vivir también sin problema, pero presumiendo de serlo y sin prohibir ningún símbolo franquista.

Esta forma de realizar el cambio que se llevó a cabo en nuestro país, tiene para nuestro ponente una consecuencia clara: las ganas de revancha. Un sentimiento que no está presente en el resto de países europeos que han vivido una dictadura. Es un tema que está sin resolver y nos traerá consecuencias.