El jueves 18 de octubre, tuvimos el honor de contar en nuestro ciclo de ponencias con Jordi Sevilla, Presidente de Red Eléctrica de España, Ministro de Administraciones Públicas (2004-2007) y responsable Económico del Programa Electoral del Candidato socialista a la Presidencia del Gobierno en dos campañas electorales, 2015 y 2016. Diputado por la provincia de Castellón en el Congreso de los Diputados, portavoz de economía del Grupo Socialista y
presidente de la Comisión Mixta de Cambio Climático (2000-2009). Entre 2016 y 2018 ha sido vicepresidente de la consultora española Llorente y Cuenca, especializada en gestión de la reputación, la comunicación y los asuntos públicos y, anteriormente, entre 2009 y 2015, Senior Counselor de PriceWaterhouseCoopers. Ha sido profesor en la Escuela de Organización Industrial y en el Instituto de Empresa. Autor de varios libros de economía y política, el último de los cuales es Vetos, pinzas y errores: ¿Por qué no fue posible un gobierno del cambio?, ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas y en prensa diaria.

Jordi Sevilla, se mostró accesible, cercano y bromista desde el principio: “No digas que soy impresentable, ¿eh?” Le pidió entre risas a nuestro socio y encargado de introducir su ponencia, Víctor Albalat.

Inició la tertulia centrando la atención en la pregunta que la titulaba: “¿Qué hacemos con el que no piensa como yo?” Y en la premisa previa: “Hay quién no piensa como yo”. Todos pensamos de forma diferente y tendemos a agruparnos en unidades de pensamiento. Tal vez parezca una obviedad pero, ¿a cuántos dirigentes políticos habría que recordarles esta premisa?

¿Es esto un fallo? Da la impresión que las discrepancias en la manera de pensar son constantes a lo largo de la historia. Tengamos en cuenta, que hay personas dispuestas incluso a morir por mantener su pensamiento distinto.

¿Es bueno o es malo que no todos pensemos igual? ¿Es un fallo del modelo del sistema? Darwin sostiene que el no ser todos iguales es lo que nos permite sobrevivir. Por lo que desde un punto de vista de sociedad humana, esta variedad de pensamiento es positivo, nos hace avanzar como sociedad. Por ejemplo: la ciencia avanza cuando cambia el paradigma, reflexionaba Sevilla. Una vez que hemos asumido la multiplicidad del pensamiento, ¿qué hacemos con el que no piensa como nosotros?

Nos relató, entonces, como bajo su punto de vista se crean tres escenarios:

  • En el primero, el que no piensa como yo es un “defecto” de la naturaleza. Hay que eliminarlo. O quizá, sin llegar a tanto, le insulto o lo agredo, concretó nuestro ponente. Este modelo nos lleva, sin duda a las guerras y a las democracias de mala calidad, concluía.
  • En el segundo modelo, nos dedicaríamos a ignorar al que no piensa como nosotros. No hay confrontación. Coexistimos, pero no convivimos.
  • El tercer modelo plantea la pregunta: ¿es tan grave que no pensemos igual? Y avanza en ella: vamos a buscar un procedimiento de arbitraje y resolver la discrepancia. Un buen ejemplo son las votaciones democráticas: lo que queremos no es coexistir, sino convivir.

Es con este tercer modelo con el que nos daremos cuenta que podemos ser opuestos en algunos pensamientos y coincidir en otros, remarcó el Presidente de Red Eléctrica. Y continuó: “Cuando se entra en un planteamiento más liberal en términos históricos, podrán encontrarse puntos en común y además dar un paso adelante y saber que hay que ponerse de acuerdo en aquellos puntos en los que se discrepa.” Esto cobra importancia en estos últimos años en los que la idea del consenso es que todos piensen y hagan lo mismo. No es así: en una democracia de calidad, las personas con ideas opuestas toman un camino de acercamiento que les permite avanzar.

Lo importante es no perder de vista que lo que hay que hacer es resolver los problemas, no enfrentarse ni insultar. No machacar al contrario, sino buscar soluciones comunes. Y este es problema en España, según Sevilla: hemos ido pasando de un modelo de relaciones socio políticas basado en la resolución de problemas a un modelo en el que lo importante es atacar al que no piensa como nosotros. Debido a que esto se traslada también al foco de atención pública los ciudadanos perciben dos realidades: sus problemas no se resuelven y los encargados de resolverlos están más preocupados de pelearse entre ellos que de resolverlos.

La pregunta inicial de ¿qué hago con el que no piensa como yo? Se traslada a nuestro día a día, conforme a la ponencia de nuestro invitado, en que el deterioro que percibimos en las instituciones democráticas es tal, que la población ve como normal comportamientos como los insultos continuados en el Congreso.

Por ello, el ex Ministro concluye que el origen de buena parte de esa sensación de deterioro de la Democracia tiene que ver con la gestión de la discrepancia: “Hemos abandonado una manera liberal y democrática de gestionar la discrepancia y de resolver problemas. Al final perdemos de vista lo importante, que es solucionar los problemas.”